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Una historia de desvelo.

- ¡Ya duérmete con un demonio!, en serio cariño tu hijo parece que planea estas nochecitas de locura.
- ¡Es solo un niño!
- Eso es lo que quiere que creamos. En su pequeña cabecita planea todo, sabe muy bien que necesito dormir ya que mañana tengo que salir muy temprano y apenas cierro lo ojos comienza a llorar.
- El llorón eres tu, solo párate a ver que sucede.

Ricardo se paro a regañadientes y se encamino al cuarto de su primogénito, sabiendo perfectamente lo que en el iba a encontrar. En silencio abrió la puerta, camino con lentitud hacia la cuna (parecía el gato a punto de atrapar al ratón en una trampa), cuando llego a los barrotes de la pequeña cama, Gabriel su pequeño hijo de un año, estaba profundamente dormido.

- Siempre haces lo mismo
- Esperas a que me levante, ¡que me levante con este frió!, y es en ese momento cuando tu conchudamente te duermes.

Para acabar, además del frió común en aquella épocas, esa noche una tormenta azotaba el pequeño pueblo. Ricardo salio del cuarto de su hijo y bajo a la cocina a tomar algo.

Su búsqueda resulto infructuosa cuando descubrió que Sandra no había hecho las compras y que lo único que había en el refrigerador, era una cerveza que compraron hacia casi un año y el guisado que su mujer había preparado como cena esa noche, cuya apariencia era realmente asquerosa pero para no ofenderla, con valentía había logrado comer.

- ¡Me muero de hambre! Pero esta cosa es mas probable que me coma a mí que yo a ella.
- ¿Ricardo donde estas? –Se escucho la voz de Sandra desde el cuarto.
- En un momento subo.

Rápidamente tomo una rebanada de pan y regreso a su habitación, donde Sandra ya roncaba profundamente, pero ahora ocupaba en su totalidad la cama matrimonial que sus padres les habían regalado.

Como pudo se acomodo nuevamente en la cama, Sandra era delgada pero al ser tan alta solo era necesario que se estirara un poco y ocupaba la cama entera.

- ¡Genial hasta tu ya te dormiste!, el que tiene que levantarse en unas horas soy yo.
- Arbsbssaa – balbuceo Sandra demostrando con eso lo profundamente dormida que estaba.
- Lo único que me faltaba creo que ya me dio insomnio y mañana tengo que hablar con el jefe del aumento.

Afuera el clima se había calmado, tanto así que el esquelético y anciano perro de los Rodríguez se había atrevido a salir y aullaba pausadamente. Genial eso es el colmo pensaba Ricardo, ni contando ovejas podré conciliar el sueño.

- ¡Demonios! ¿Como es posible que sigas dormida con el escándalo de ese maldito perro haya fuera?

Fue en ese momento cuando sonó el despertador, eran ya las seis de mañana. Gabriel al escuchar el sonido despertó automáticamente, e inmediato comenzó a llorar.

- Amor, Gabriel, ya despertó de nuevo podrías irlo a ver.
- Pero, yo tengo que dormir algo, en tres horas tengo que estar en el trabajo.
- Vamos, ¿Cuándo te he pedido un favor?
- Pero en cuanto llegue a su cuarto el va estar dormido nuevamente.
- No seas ridículo, solo son ideas tuyas, eso nunca pasa.

IBÁÑEZ